Hace tres años fue mi graduación de la universidad... Hace ya tres años...
El día de la ceremonia mis padres me regalaron dos cosas. La primera, el anillo de graduación, que había decidido yo antes no adquirir... y que me entregaron después de la ceremonia, y la otra, un reloj... Un reloj digital carísimo lleno de botones y funcialidades que nunca usé...
No utilicé ese reloj hasta que se me descompuso el que tenía antes. Y cuando lo empecé a usar, no me sentía a gusto con él... Era grande, frío y pesado... Mis padres me décían que se me veía bien, y que seguro yo iba a aprender a usar todas sus curiosidades, pues era un buenazo para los aparatos electrónicos... siendo que me dio siempre mucha flojera usarlo para algo más que ver la hora.
Con el tiempo fui sintiendo cómo ese reloj simbolizaba y resumía mi relación con mis padres, y las falsas imágenes que a veces tenían de mí... Sentía al usarlo como si fuera un grillete que me unía a ellos de una manera enfermiza, como si simbolizara la insana influencia que a mis cerca de 27 años ellos aún tenían sobre mí... Tal vez algo muy loco pensar así, jejeje...
Así fue como de a poco dejé de usarlo... Y sigue estando ahí en el buró izquierdo de mi cama. Sigue sonando el despertador todos los días a las 7:30 de la mañana... Me ha dado flojera ajustarlo para que deje de sonar, y en realidad muchas veces a esa hora ya estoy despierto, incluso en fin de semana.
Una tarde estaba pensando sobre lo que simbolizaba ese reloj, y jugando con él... Lo encontré particularmente fragil y sucio... Lo miré desgastado por el uso... y derrepente se rompió...
Por coincidencia, me encontraba solo en casa, poco tiempo después de haber tenido una de las discusiones más fuertes con mis padres. Una discusión de la que creo que no podremos volver a ser lo de antes, una discusión donde mi padre me gritó por teléfono como nunca lo había hecho, una discusión en la que prácticamente terminé echando a mi madre de mi casa de Cuernavaca y enviándola de regreso a Puebla. Una discusión en la que les pedí que no me volvieran a llamar. Una discusión en la que algo se rompió...
Curiosamente, al igual que el reloj que me regalaron se había roto...
Y las cosas no volvieron a ser igual. Pegué el reloj y puede servir para que lo use cuando quiera, pero ya no quedó como antes, y sigo sin usarlo.
Igualmente con mis padres, por fin siento que entienden un poco mi punto de vista, pero a costa de un gran sufrimiento que me han hecho sentir y que yo les he causado...
Las cosas no están dándose como yo lo hubiera querido, y tengo miedo de perderlos, por ser de lo más valioso que tengo en la vida, pero siento que ya no puedo quedarme callado, y que tengo que decir lo que pienso y lo que siento. Tenía que romperse tarde o temprano ese grillete que me mantenía preso, atado enfermizamente a ellos... Grillete que tanto ellos como yo nunca intentamos romper.
Y ahora que estoy libre, me da tanta nostalgia, tanta melancolía, de tanto tiempo que pasé sin esta libertad... Quisiera regresar el tiempo 10 años y tener esta libertad que tengo ahora, pues dejé de vivir tantas cosas por no defender lo que soy, incluso ante mis padres...
Me miro en el espejo y empiezo a notar cómo mi cuerpo da las primeras señales de una madurez avanzada... algunas arrugas, algunas canas, algunos rasgos de cansancio... Y hago un análisis de mi madurez mental y emocional, y encuentro que el miedo ha obstaculizado mi crecimiento de tantas maneras...
Dejé de vivir tantas cosas por miedo, y no sé si pueda perdonarme. Dejé pasar 10 años de mi vida, 10 años en las que me puse a mí mismo a un lado para ser lo que otros querían que fuera, 10 años que no sé cómo recuperar. 10 años en los que he estado completamente solo, como lo estoy ahora...
Y ahora, no sé si sea demasiado tarde para empezar a vivir todo lo que dejé de vivir esos 10 años...